22/2/10

Al agua, patos

Amigos, mis amigos.

Este invierno me dio la sensación de que supe a qué tipo de caza se dedicaba Nora antes de que Luis la encontrara en casa de su "amiga" de Córdoba. Una noche, en el Juan Carlos I, tomamos un recorrido diferente al de los dáis anteriores y nos fuimos hacia...
hacia... hacia la derecha, hacia abajo. Y llegamos a un puente que pasa por encima de la laguna en la que están las casas de los patos. Y ahí es donde Nora se reencontró con el olor perdido. El olor a pato. Sólo quería saltar desde el puente a las casetas que ella podía oler aunque no las viera. Estaban allí. Los patos.

El caso es que hoy, que en Madrid llueve a cántaros, como en toda España, he decidido llevar a Nora al parque en un momento de lucidez solar. Y ha estado bien, porque no ha empezado a llover hasta casi el momento de entrar en el coche. Pero Nora ha visto cuatro patos. Sí. Patos. Y, ¿dónde estaban los patos? Lo habéis adivinado, amigos: en el agua. ¡Pues ahí que se ha ido Nora de cabeza! Al agua a por los pa
tos.

Qué escena, amigos, qué escena. Nora debía de pensar que era tierra firme cuando ha decidido comenzar la caza, porque se le ha puesto una cara de medio susto, medio sopresa al ver que se hundía y se mojaba; yo que sabía que se iba a hundir, pero no sabía si ella lo sabía y seguiría detrás de los patos y, claro, yo detrás de ella; y los patos que no sabían qué coño pasaba y que han debido depensar que quiénes eran esas dos idiotas que no sabían que uno se hunde en el agua si no es pato. Menos mal que Nora ha chapoteado hacia la orilla, que yo me he metido un poco en el agua para cogerla por las patitas y que los patos se han pirado en vez de venir a picarnos en el culo.

¡Os quiero, amigos!

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